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Terra
La Coctelera

Repasar Revisando

Repaso revisando cuantos instantes de soledad acompañada se pasan junto a una barra oscura... Fundido entre humos opacos, perfumes empalagosos y ese monto perpetuo de pensamientos que traspasan como puyas de castigo los hieráticos sentimientos íntimos de cada ser, hasta que, cáliz tras cáliz, fríos e insensibles y repletos de los brebajes de la indiferencia, se pierde todo lo cuerdo alcanzando lo indignamente insensato.

Repaso revisando como se arroga y se apodera de uno ese forzado rendibú, como el de un preso ebrio acatando las pautas, los criterios y los prejuicios de lo substancial frente a la cancela de su mazmorra, dejándose herir y vencerse con indigna sumisión ante los demás y a la misma humillación de sí mismo.

Repaso revisando los soplos de mi sustancia vital en el tiempo, momentos trascendentes postrado frente a la supina amistad y el cariño falaz de esas redundadas copas, vidrios profanados por tantos carmines íntimos que humedecen los importunos labios carmesíes de tantas princesitas intestinas, magníficas embaucadoras espirituales asimiladas entre ellas con mechas escaldadas de frasco y frunces revestidos por densos lustres pegajosos de saldo, alhajas y joyeles de bisutero buhonero bañados en esplendores de oros y platinos turbios que ocultan la clara sinceridad de su provecho. Eso si, siempre acompañado de la más inseparable, la que no falsea, camarada y amiga fiel, la barra y amparado por su discreto escudero, el subjetivo y confidente barman…

Repaso revisando como se forja un frente a lo más fatídico de lo palpable, de lo existente en el pasado, para un futuro designado y en este enmascarado presente soportar, a duras penas, las circunstancias del momento y, de esta manera, aspirar sobrellevar lo vital para subsistir ante las sombras de las protervas suertes circunstanciales que tanto conmueven, como se trampean y se adulteran con el inclemente y áspero destilado.

Repaso revisando donde uno se falsea traicionándose así mismo, a pesar de su esencia en la humildad y la docilidad de sentimiento con la que se impulsa con decente respeto, con bondad inherente y una innata humanidad que vulneran al misántropo ermitaño que se factura en el interior, un asceta recóndito y disimulado que se ocupa de la muda sensibilidad para cerrar gargantas, ducho eremita que me acarrea en la espalda la etérea alforja, un basto e insensible morral repleto de emociones, pasiones, ímpetus con fogosidades extremas y alocadas pasiones ante las adversidades de la vida, las desdichas de cada afecto y el fracaso de cualquier amor rechazado.

Cómo hacer daño

Hoy me encontré con dos personas que en su día se querían y hoy se odian. Algo que, por gracia, yo nunca he podido contemplar en mis cabales. Un odio tan acérrimo que ambos se desean lo peor. Y me pregunto refiriéndome a ambos:

¿Cómo se puede ser tan despiadado e incompasivo y forjar perjuicios con menoscabos a quienes antes se apreciaba? y al mismo tiempo: ¿Cómo se puede ser tan certero y saber hacer blanco con el mayor daño? ¿Cómo se puede hacer sufrir con tanta precisión a un ser que antes fue apreciado con respeto, estimado con tanto apego y amor…?

Estoy estancado, más que nada, porque nunca termino por conocer el corazón de las personas, siquiera el de los que me rodean. Solo sé que si fuera dueño de mi corazón, iría capitaneando mi mundo, sin miedo a nada; sin embargo, no me decido dónde merece la pena donarlo, porque veo que es una batalla tan ardua y difícil de librar…

Sé que en mis elucubraciones soy un espejo oscuro repleto de fantasías aderezadas con mi individual obsesión por ahondar en el realismo urbano que me rodea, siempre he deliberado con tintes de esperpento en cuanto a lo social y, además, brindo con ello, prestando atención a través de una mirada ante ese espejo deformante de tanto, por no decir de todo, que tiene que ver con esta prosa, palabrería de alguien que se implica en primera persona ante el devenir de las realidades del entorno, un entorno del que además de testigo, se es partícipe.

Armas que empleo y con las que me defiendo escribiendo a través de unos trazos gruesos, ante unas condiciones en un entorno repleto de maldad y fealdad, rasgos tildados que muchas veces ocultan un desgarro humano o un tremendo sentimiento de frustración y de injusticia, sumando la conmiseración, acompañada y afín a mis innegables composturas de humanidad y sensibilidad. Porque detrás de lo que siempre quiero expresar, no hay duda que muchos podemos encontrarnos reflejados, aunque sea una parte de nuestra vida, cualquiera de nosotros.

Yo me entrego a la loca aventura de vivir, vivir a tope, hasta el límite si es posible, porque veo que es la única manea de vivir, quien no mira desenfrenadamente no descubre ni vislumbra… En esta loca aventura de vivir, todo es ingentemente vivido o vivamente intenso y lo contemplo con igual pasión con la que me postro y me hundo deprimido cuando no llego.

Me gusta lanzarme y alborotar las aguas estancadas de la sociedad. Defender derechos, abanderar causas de minorías, ser un iconoclasta, provocador, polemista, arrollador…

Es por todo esto por lo que quiero marchar inesperadamente e inopinadamente, pero no sin antes dejar un pequeño caudal de ternura y sensibilidad a través de mis pensamientos y mi mirada crítica, lúdica, a veces tan tierna como ácida, pero eso si, siempre lúcida ante la brillantez de independencia y personalidad a la que pretendo llegar hasta el final de mis días..

Malecum Salam...!

 

Flagelación, es un “deporte” que no va conmigo... me temo que no lo llevaría muy bien, pero si fuera así, lo examino como tal y veo que en el fondo sí me fustigo, o mejor... mis sentimientos y mi manera de pensar sí que son quienes me fustigan. Y yo mismo me hago daño, si, me hago quebrantos sin necesidad, pero no por placer, sino por mi carácter, por mi forma de rebelarme de una manera muy privativa que yo podría designar como algo debidamente instintivo. No es la primera vez que se me dice: -“Déjalo, no lo pienses más”… Y claro, del dicho al hecho, ya se sabe… igual que se sabe que muchas veces hay un buen espacio entre expresar y cumplir lo enunciado dentro de una confusa e incierta distancia poco equiparable entre otras, o relativa para con los demás, una forma de proceder que no está inscrita ni en los protocolos más tontos.

Porque, lo que sí es incuestionable, es que cada cual es un heterogéneo mundo y cada mundo es tan disímil como disparejo. Ya lo escribí en algún lugar que no recuerdo. Pero decía algo así como…

-“Es incuestionable que cada cual pertenece a un heterogéneo mundo y que cada uno de los elementos de ese mundo al que corresponda, son tan desiguales como disparejos al de cualquiera de los demás. Y es ahí donde está ubicado el concepto de libertad, una manumisión responsable, comprometida a la vez que independiente y propia, un concepto sobre el individualismo mezclado con la independencia de todo ser. Es por lo que nadie ni nada, alcanzará aplicar su mundo a terceros. Por mucho que se empeñe o intente forzarlo…” y firmaba: “Un simple ermitaño”.

De muy joven se me inculcó que la vida iba a ser muy dura, y es cierto, es dura, muy dura y menos dura, porque oscila en tantos aspectos y tan variados y diferentes ellos, como personas existen en la Tierra. Para unos es duro dejar de ser rico, mientras para otros es más duro no poder dar de comer a sus hijos por falta de lo mínimo necesario. Hay gente sobrada que se les hace muy dura la vida por el mero hecho de no tener lo que el de al lado tiene; mientras otros, no tienen nada, absolutamente nada… y sin embargo, estos últimos, se toman la vida aceptándola tal y como les sucede el devenir de cada día o cada momento.

Hay quienes de una gota de agua conciben enormes mares para sofocarse y ahogarse en ellos, y hay quienes navegan, a sabiendas de posibles naufragios, por todos los ríos, mares y océanos y a éstos, a final, se les queda pequeño el mundo. Hay quienes por un asunto de afectos y pasiones, darían la vida, y hay quienes aceptan cualquier situación de cariños y apegos entre en un sinsabor, como una afición indolente e incluso sumido en la más pura apatía o envuelto de manera ceñida hasta en la más pura desidia. Y hay quienes asienten infiriendo en sus sentimientos, tal y como les sale del interior, con una nobleza bondadosa y profunda, su innato originario, una huella íntima y personal que deja velada tras de si, algo recóndito, enormemente hermético y esencial. Y todo esto viene a cuento porque todos, generalizando, tenemos la tendencia por inercia hacia la comparación.

Si, es curioso, que siempre tendemos a la comparativa, si se rompe un brazo y este encima se astilla asomándose entre una herida abierta, no duele, y si uno dice que no duele, es que no tiene porqué doler a nadie. Absurdo ¿no?

Asumir las desdichas o adversidades con indolencia, dan como resultado el paralelismo con la apatía y la desgana, en resumen sería el causante promotor de la desidia escoltada por la indiferencia.

Por ello, cada ser es disparejo y nunca comparable con los efectos secundarios del resto, y esto es algo muy difícil de entender o saber comprender, si se llevara a cabo el hecho de saber ponerse en la situación del otro lado. Una ardua labor que no está al alcance de cualquiera. Porque, lo difícil, es ponerse en el pellejo contrario, meterse en su cabeza, introducirse en sus sentimientos, sin sentirse identificado o referido con las propias experiencias de cada uno.

Cuántas veces nos hemos encontrado viendo una película de temática triste entre otra gente y, observamos que, mientras unos lloran, otros están inertes… ¿Por qué? Simplemente porque los sentimientos de las personas son tan diversos en sus reacciones como el mundo que le rodea. Porque muchos de los sentimientos son innatos y no hablo de aquellos estímulos inducidos que inciten a la misma reacción colectiva o aquellos proporcionados por buenas o malas experiencias en la vida, sino de aquellos sentimientos que vienen acompañando al individuo desde que sale del vientre materno.

Delicado, afectivo, sensible, sentimental, tierno, atento, severo, excitable, emotivo, fogoso, áspero, arisco, insociable, asociable, inhumano, impío, cruel… Todos estos aspectos, siempre vienen acompañados, a lo largo de toda la vida, por la motivación de la sociedad y su entorno. Incitaciones que, sumadas a las ya congénitas y de por sí naturales, dan como resultado las diferentes o análogas reacciones de cada ser.

Pero insisto, cada persona es un mundo, y cada reacción sentimental diferente, tanto exterior como interior. Por ejemplo, nadie pondría la mano en el fuego por el hecho de no ver llorar a una persona en el entierro de un ser querido y enormemente allegado y decir verificando en voz alta o de manera aseverada, que el que debería dar muestras exteriores de dolor, al no darlas, no sentía nada. Porque, en realidad, lo que exista por dentro de cada sentido propio en la mente, está en el interior de cada uno.

Aunque, desgraciadamente, hay quien mantiene la compostura que “hay que mantener” o se debe estar conforme al entorno o contexto adecuado o el que se exige como “guión teatral” suscitado, promovido e inducido por una sociedad que yo denominaría como “corporación de la apariencia y las formas” predispuesta a la formalidad de convivencia y connivencia entre los ámbitos de los círculos en los que convivimos.

 

En el foro: A Eduardo Punset.

Bienvenido a mis excéntricas pesadillas...

Bienvenido a este aforo virtual dónde, no lo niego, posiblemente ocupo un sitio un tanto descerebrado.

He encauzado este asunto que tengo entre el cerebelo y lo que me queda de cerebro a uno de mis mejores y preferidos deportes: Navegar...

Lo de navegar es como flotar, pero para mi es una porción de la vida fragmentada en tres nocturnas pesadillas un tanto recurrentes, aunque siempre está esa luna de testigo de tantos eventos y tantos secretos ocultos y las nubes estén por medio, ella, la luna, la que nos ve,os aseguroque nonos delatará nunca.

Una de mis pesadillas, que conste que no quiero dilatarme en mis “flashes”, asuntosa los que ya se acostumbrarán los que no me conocenque no sorperenden a quien tanto me sobrelleva y tolera aguantándome.

A lo que iba...

En una de mis pesadillas, después de navegar durante largos meses en solitario, mi embarcación no soporta una tormenta frente a unos acantilados de una isla llena de escollos y arrecifes, donde termino como un náufrago en esa isla desierta sin más equipaje que una especie de <<Código Da Vinci>> y las obras completas de excéntricos y bohemios escritores como Valle-Inclán respaldado por los de su generación. En otra de mis pesadillas, soy atacado por una pitón gigante que me devora tras su aplastamiento de huesos y asfixia mientras farfulla con jactancia y vanidad los siniestros morbos, adversidades y desdichas de la humanidad actual. Y en la última y más inquietante pesadilla, por los efectos secundarios de moretones y cardenales, donde me estrello en un avión durante un viaje de esotérico destino y mientras caigo siento el vértigo y el desfallecimiento haciéndome saltar de mi lecho con la conllevada caída de bruces al duro suelo, por cierto... un mundo muy duro el de este planeta.

Contra las dos primeras pesadillas, que juzgo improbables, no puedo hacer nada. La tercera, la del avión, la trato de resolver por el antiguo procedimiento de rezar tres Avemarías y un Padre Nuestro, aunque soy agnóstico, pero ya se sabe... por eso de el <<Por si las moscas...>> Es más, cuando voy a viajar en ese en avión que siempre se siniestra, antes de embarcar, suplico que me den el asiento de ventanilla (pues si la diño o la palmo, prefiero ver cómo se acerca el planeta Tierra, que ya conozco su dureza y las contusiones y magulladuras que me ocasiona, que estar embutido en un asiento central dónde desconozco el desenlace final).

Por ahora, el resultado combinado de ambas acciones, oración más ubicación, va siendo magnífico (me he estrellado cientos de veces y tengo una colección de moradas contusiones y Avemarías que el día de mañana presentaré a Dios o al que me enjuicie (<<por si las moscas...>>) como atenuante de una más que probable sentencia condenatoria). Además, como efecto colateral de cierta importancia, las ventanillas de este fatídico avión, me han permitido tener una primera impresión de los terrenos geográficos donde caigo, desde el ordenado desierto áspero y brusco omaní hasta el y miserable seco y árido saharaui, hasta en los adinerados campos de golf y estadios de béisbol o fútbol americano de los EE.UU., la triste soledad del Tibet, la dureza de la sierra peruana, el desalmado frío inhumano y despoblado de la Patagonia, el orden de la campiña inglesa o la peligrosa atracción de la amazonía. Sólo en un caso, después de estrellarme, sobreviví al evento comprando “chuches” para mis niños y caprichitos para mi mujer en un <<Dutty Free>> de Kabul, aunque reconozco que habría que tener veintiún miopías inoperables para pensar que este aeropuerto ostenta tiendas de este tipo. Aunque dicen que en toda norma hay una excepción (menos en la que se refiere a la inexistencia de vida inteligente en Marte y la Luna, pero eso son otras fábulas). Cuando la nave ya está en aproximación a este aeropuerto árabe, lo que se ve a vista de pájaro son parcelas de tierra seca y carreteras marrones de eternas y aburridas rectas que dan sueño. A tal vista le correspondería una terminal rugosa y fea. Y casi, casi; que el suelo de mi dormitorio es un poco mejor; pero sólo un poco.

Agujeros Azabaches

Hoy me he levantado en mi camastro, o sea el de mi habitación, a pesar de los habituales gases matutinos y el tradicional rascado a dos auxilios manuales por el picazón prostático, inguinal y anal mientras iba en dirección a la cocina a prepararme el desayuno como un despeinado 'zombi', me encontré al lado de la prensa el escrito anterior sobre mis desquiciadas patologías esquizofrénicas y, mientras se calentaba el café y la leche, me dispuse a leer las ideologías abducidas por las siniestras elucubraciones mentales expuestas mientras pedorreaba de forma natural ycon seguidillas a ritmo neoafricano y a la par que la cafetera.

Observo que saqué el asunto de los agujeros negros de las galaxias, pero, cualquiera que tenga uso de razón dentro de lo considerado como “normal”, caso que no es el mío, podría imaginarse que hablo de agujeros negros distantísimos y no son tan lejanos aquellos que he apuntado; aunque tampoco tan colindantes como el del sumidero anal.

Yo me refiero a los agujeros intermedios entre el núcleo y la corteza de nuestro globo terráqueo, que es en definitiva donde el universo se da la vuelta como un calcetín, jugando al escondite consigo mismo y vacilando a los astrónomos, a los topógrafos y a todos los que nos gusta observar la luna y las estrellas en noches despejadas sin alcohol y con lucidez mirando boca abajo en nuestra almohada.

Esos agujeros están bajo nosotros como galerías subterráneas realizados por repulsivas ratas rabiosas, un suelo repleto de orificios donde pisamos los humanos.

Dice el dicho: “De la tierra al cielo y un agujerito para verlo”. Pues ese agujerito está entre las alcantarillas de los osarios de tumbas comunes de almas sin nombre. La leyenda de este dicho asegura que en algunas lomas o cerros de los extrarradios de las ciudades y pueblos, se podían ver las ánimas de los fallecidos subiendo al firmamento.

Ahora, desde que me levanto de mi cama, soy consciente de que creo que piso en la solidez de una fría baldosa a sabiendas de que puedo caer e irme abajo, hacia los dominios de esos rateros inmundos o a los terrenos del maléfico magma, residuo de la escoria, amos y señores de la penumbra y la negra tenebrosidad. En cualquier lugar puede aparecer el periscopio de estos carroñeros apestados de arrebatada rabia en espera de intentar acoger indistintamente a cualquier desorientado. Son como una máquina tuneladora en forma de submarino buscando donde lanzar torpedos que hundan el paso de la infantería humana.

Andar demasiado facilita el viaje a esta ciudad lóbrega y tétrica del subsuelo. El pavimento tiene menos estabilidad que un tronco flotando sobre el agua.

Un día, casi caí en uno de estos agujeros y terminé con un bulto sospechoso ingresado en un hotel especial sin reservas, donde las habitaciones no tienen muebles, están mullidas por las paredes y los suelos e insonorizadas, además te obsequian atándote con una calurosa e incómoda bata sin brazos. Para luego terminar reciclado como una loseta de esas nuevas, las cuales a los dos días de instalarse están más rajadas que un ladrillo mesopotámico de antes de Cristo, hecho trizas por una bomba actual.

A la chita callando y sin un Tarzán que me ayude para salvarme, la jungla del pavimento reúne condiciones para ser catalogada de arma de destrucción masiva. A la masa ciudadana le va poniendo zancadillas, sin que exista un árbitro que pite penaltis y expulse a su desidia.

Yo siempre estoy preocupado por estos agujeros negros, ando muy ocupado andando de pies puntillas mientras planifico mis proyectos contra estos orificios letales, entre tanto voy calafateando los baches y socavones con los que me encuentro.

Todo esto cambiaría si los humanos tapáramos estos agujeros, siempre que veamos uno hay que taparlo y no esperar a caer o meter un pie, como sucede, habitualmente a muchos transeúntes de la humanidad.

Pero esos agujeros hay quien se dedica a agrietarlos, aunque los tapásemos y los que los abren sigan ahí, seguiremos metiendo la pata por muchas otras cuestiones hasta que un día caigan ellos mismos, entonces ese hueco que atente contra sus verticalidades ilustres, seguramente obligarían mandar tapar.

El Álamo Grande

Llegó un día en que decidí por intentar definir todo aquello que jamás he sabido exteriorizar sobre una persona muy allegada para mi, pero creo que jamás podré expresar con exactitud lo que realmente siento por ella. Es muy triste querer demostrar y no saber por mucho que se intente. Algunos seres somos así por fuera, pero no por dentro.

Es cuando mellega a mi cabeza que el interés que tuve por ser elegante, pulcro, ensimismado, hermético y educado, ahora es un auténtico recuerdo emblemático que hace expresarme, sin cohibición alguna, mediante el computo teclado de mi cuarto.

Reconozco que tuve y tengo mal carácter, pero soy consciente de que soy un tímido que escondo mi ternura bajo un aparente, frío y mudo distanciamiento. Una persona aparentemente relegada para los demás; muy afable, frágil y revestido de orgullo y cólera para defenderme de los otros, que siempre fueron considerados como mis “opuestos” a mi forma de pensar, al menos así lo rumiaba.

En ocasiones sufrí sentirme idealmente apartado en muchos aspectos, aún habiendo adquirido el íntimo y absoluto convencimiento de mi apreciación hacía los demás.

Pretendí ser arbitrario en muchísimas reflexiones. También quise ser fuerte durante muchísimos minutos y mucho más durante los siguientes, pero sin superación alguna. <<Sollozar es de niñas>>, decían mis padres... Pues escojo ser una chiquilla.

Perennemente amé la belleza, la adolescencia y hoy percibo que todo muere fulminado por este incesante tiempo que corre sin piedad y nos lleva hasta el final de nuestros días. Cuando este corazón no puede tolerar más esta desolación y soledad que eternamente me han cercado.

Perennemente he tenido tan alto la concepción de la humanidad, que intento saber estar por encima de la propia aportación y de cualquier falso agradecimiento de una persona supuestamente afín para mi.

Tonto no soy, tampoco lo fui. Ni creo que lo seré.

Fui y soy un ingenuo pueblerino, muy distinto, pero aún así intenso.

Y pocos, muy pocos, han sido y son capaces de interpretar el alma demi pueblo. Su tristeza, su orgullo, la melancolía y su sentido estoico de la presencia en este divino lugar.

Deseo celebrar todo este tiempo y muchos otros tiempos, de los que soy y he sido consciente, donde se detestan y se apuntan a las efemérides escandalosas, a lo que habrá hecho removerse en esta “tumba”, en un lejano, abandonado y desmontado camposanto, lo que llamábamos como “antiguo cementerio” en la calle José Sánchez Rubio, junto a lo que ahora es un restaurante y un parque donde emerge en pié y de forma vertical una lapida de granito con un cincelado nombre que dice <<Juana Rubio>>.

Un día pregunté a una octogenaria persona oriunda del pueblo, de los que pocos que quedan, qué dónde había vivido los últimos años José Sánchez Rubio, si, el de la calle que fue más corta del pueblo y hoy es puro tránsito y bullicio.

El llano y cordial hombre, con ojos claros y húmedos por el sollozo eterno de la nostalgia, con esa acartonada piel curtida por los épocas y estaciones transcurridas en el terminable tiempo, señalándome con un dedo torcido, permitidamente por la conjeturada artrosis, hacia aquel lugar donde hubo una casa en la que vivió y que hoy son bloques de ladrillos ensalzando tres alturas; comentándome que era una familia muy fiel y amiga de este, miPueblo, a la que se acogió con dulzura en su ambiente cotidiano.

Observé aquella sala de proyecciones de la Parroquia, que aún sigue, y miré por una rotura de sus ventanas y allí estaba aquel pabellón donde estuve viendo aquellas películas históricas de España, precedidas por su NO-DO y experimenté una intensa emoción de habitar en aquellos momentos.

Tras la atmósfera de olvido y desarraigo que había rodeado en mis tiempos durante años de “exilio” de este divino Pueblo en mi terrible soledad.

Aunque como humano y torresano, siempre me he sentdo exiliado de este mundo, el exilio de la propia Tierra me efectúa el destierro como a pocos y acrecienta la soledad, igual que una daga de plata sobre mi corazón.

Otro día, andando por “la carretera muerta” me dirigí al “nuevo cementerio” y busqué un nicho cercano al de muchos conocidos, la del primo que perdí el mismo día de mi compromiso de bandera en filas, al que más quise en mi inexperta mocedad, al mayor, al que tanto elogiaba y glorificaba, al perfecto envidiado por muchos, para mi fue como un Dios; el primo mayor que me atendía, el que me hacia caso…. Aún sin saber si realmente me comprendía.

Durante un buen rato permanecí ante su nicho, en silencio. Un modesto nicho con un frontal de mármol donde solo figuran los nombres de mi “Dios” con dos apellidos y dos fechas ( el Alfa y el Omega de su estancia en esta Tierra). Una sola flor seca y marchita, alguna palabra olvidada, ni siquiera las tristes violetas de un poema.

Solamente el infinito abandono y el silencio de la soledad que acompaña a los difuntos para toda la eternidad.

Conocida y distinguida soledad ilustre que se me hace más intensa.

Sentí la impotencia de que mi “Dios” ya no pudiera oír la voz del pequeño primo que le siguió, igual que un alumno sigue al maestro que lleva la sagrada antorcha de la verdad, la auténtica verdad.

Siento y he sentido, y sentiré de manera enorme no poder escuchar aquí en la Tierra a este, mi “Dios”, el verso de mi amigo de Luís Cernuda:

<<...tu voz responderá contra las olas,/ Yo me quedo contigo a solas… >>.

Evoco con esta facundia de palabras, que en estos años de mi vida me dejo caer sobre el computo teclado y sobre la enigmática remembranza de aquel primo, de este linaje y de este pueblo, que serán un infinito recuerdo en mi memoria.

Todos aquellos que para nada conciban ni alcancen el significado de este mensaje es... porque jamás sabrán sentirlo...

Adheridos Aislamientos

«A mis soledades voy, de mis soledades vengo...» me dijo una vez Lope de Vega en sus escritos, quien -al contrario que yo-, rara vez estuvo solo. Por eso mismo valoro estos raros regalos del azar, la fresca nieve que alguien me deja en mis manos en medio del desierto. Vuelvo al puñetero laberinto de cristal del crepúsculo, en el que tantas veces me he perdido a solas, me he sentado solo en alguna plazuela de mi ciudad a tomar un café, hojear el periódico y ver pasar el tiempo...

Ahora nuevos y viejos rincones tienen una luz distinta. La verde y escondida tras los descuidados jardines y su peinada calma provinciana, vecinos apacibles, niños en bicicleta, franciscanos gorriones que se posan en mi mesa y beben agua de mi propio vaso mientras yo cayo un instante en mis pensamientos –al fondo, entre los árboles plataneros cruza lentamente un camión de mercancías enorme- o sigo hablando para mis adentros divagando sobre el amor y otros malentendidos.

A veces fantaseo con enrevesados versos que escribo en el canto del rotativo, con una especie de esplendor churrigueresco o rococó, aún ni lo se yo, pero se que escribo mis secretos, mis silencios, el sonido del jardín figurado de mi hogar o el eco que siento sordo a este mundo, desde la ventana de mi alcoba, allá en lo alto, abierta a tejadillos de aldea, chimeneas inclinadas, tejas con aleros y albardillas encarnadas junto a mi para contemplar juntos al cielo estrellado en las noches de verano y escuchar sonido del río que pasa junto a mi ventana, un momento simple que vale más que todos los suntuosos y trampantojos de palacio.

Despierto de mi lujuriosa abducción y el camión sigue ahí parado, no pasa entre dos vehículos estacionados y el entorno atestado de amas de casa con la bolsa de la compra en la mano, mujeres bien pegadas al percance que charlotean opinando y sin solucionar la contrariedad, mujeres que aguantan de pie más que los rosados flamencos a la pata coja sobre las salinas abrasivas, inconscientes del peligro y sin inmutarse a ser aplastadas por semejante maromo de carruaje de seis ejes y numerosas ruedas temerosas… No importa, se supera la monotonía tras el evento, la novedad del aburrido día a día es convertida en entretenido monotema…

Diviso un claustro correspondiente a una Basílica que vi construir por una compañía religiosa sudamericana allá por los años setenta y muchos que se alza a la altura de los rascacielos y, desde dónde se divisan las afueras de la ciudad, al margen de todo el centro del mundo, reconozco la edificación deslumbrante y blanca que une sus cuatro torres por puentes curvos contra los muros de mármol blanquiverdosos de semejante heredad. Mármoles Italianos de Carrara con la elegante retórica de tantas otras piedras preciosas que sobresale a su paso al pie de sus fachadas.

¡Ay Dios...! Tantos años por estos barrios y cada vez que vuelvo me emborracho de melancolía,ycada vez que me siento a tomar ese café en las terrazas de las plazuelas entre jardines dónde uno no se cansa de estar solo y siempre nota comole observan los longevos árboles, siempre sonrientes al despertar mis recuerdos, remembranzas alegres como sus jóvenes pájaros de alrededortan fugaces comoel reflejo del alma...

Abrir las puertas al amor y anegar los pozos del odio...

Esto,para mi,sería un milagro la supresión de muchas cosas...

Suprimir la estridencia del odio diario de este mundo dentro de una sala hermética de un banco. Suprimir los miedos yperderse desapareciendode la oscuridad abrasadora de una imagen caóticacomo laguerra y el terrorismo; suprimir incognitas desconcertanteshaciéndosesaber que este universo está cifrado para el bien y no formulado en la tiniebla geométrica de la calavera que refleja multiplicado enel brillo de un espejo roto; suprimir la fotode una mujer con hambreque mantiene a su hijoen su regazo conuna aparente plácida mirada, pero, en realidad, una miradaausente, como quien acunase a un niño desnutrido a la fuerza... Crearnos imágenes de ensueñoy node éxtasis... Pues... ¿qué otra cosa vemos cada día en las noticias...?.

Un milagro sería, pese a todo, sentarse en una habitación cerrada, cerrada a este forzoso mundo, ¿a qué otra cosa sino?, abrir la ventana y respirar profundamentea la luztenue de los rayos delsol temporal y milagroso deun otoño cualquiera. Escuchar la perezosa matemática de la razón, casi siempre tan imposible ensu equilibrio, tan extraña ensu sosiego y que viene de tantos siglos atrás conesa habilidad musical que escuchamos sin saber qué es lo que oían, cómo oían, aquellos para quienes fue escrita esta sonadora maestría de ensueño.

El milagro son los versos del vivir, del amar y del querer, palabras escritasy hechosconcisos como un vidrio roto simétricamente, tan hermosos todos ellos, palabras de pazescritas en todos los idiomas para no eximir a los lectores del esfuerzo de su lectura.

El milagro es que un verso de amoresparcido entre laacumulación sobrehumana baste de forma infinita para que, soportar este insoportable mundo, haya valido la pena...

No. El milagro no es el mundo. No lo son los cansinos hombres que lo pueblan, seres áridos y previsibles.

El milagro está en las extrañas uniones soldadas entre humanos- muy pocos – y cosas; cosas que se cruzan alhablarcon palabras yal mirar con losojos; cosasque decuyo roce imprevistoentre esaspalabras y esosojos, pueden surgir las chispas que rescatan lo imposible, lo más sagrado, el amor, el aprecio, la sabiduría en el respeto....

No. No es milagro el mundo.... ¿El mundo?, solo hay que mirarlo, muertes, guerras, terrorismo, malos tratos, inhumanidades, dolor, tristeza... un poema de horrorosos versos sin prosa lógicay con rima atróz derepetidas imágenes noticieras y cegadoras, ovacionadas por devotos de homicida creencia que quieren más y más; más secuestros, más robos, más torturas, más desapariciones, más asesinatos....

Para los “humanos” nada hay más placentero que la crueldad.

¿El mundo?. Un perpetuo progreso de lo malo hacia lo monstruoso, del homicidio al genocidio, de la estupidez a la locura... Reincido, véaseeldía adía...

¿El mundo?. Esta cosa que sólo el milagro pocas veces salva...