Repaso revisando cuantos instantes de soledad acompañada se pasan junto a una barra oscura... Fundido entre humos opacos, perfumes empalagosos y ese monto perpetuo de pensamientos que traspasan como puyas de castigo los hieráticos sentimientos íntimos de cada ser, hasta que, cáliz tras cáliz, fríos e insensibles y repletos de los brebajes de la indiferencia, se pierde todo lo cuerdo alcanzando lo indignamente insensato.
Repaso revisando como se arroga y se apodera de uno ese forzado rendibú, como el de un preso ebrio acatando las pautas, los criterios y los prejuicios de lo substancial frente a la cancela de su mazmorra, dejándose herir y vencerse con indigna sumisión ante los demás y a la misma humillación de sí mismo.
Repaso revisando los soplos de mi sustancia vital en el tiempo, momentos trascendentes postrado frente a la supina amistad y el cariño falaz de esas redundadas copas, vidrios profanados por tantos carmines íntimos que humedecen los importunos labios carmesíes de tantas princesitas intestinas, magníficas embaucadoras espirituales asimiladas entre ellas con mechas escaldadas de frasco y frunces revestidos por densos lustres pegajosos de saldo, alhajas y joyeles de bisutero buhonero bañados en esplendores de oros y platinos turbios que ocultan la clara sinceridad de su provecho. Eso si, siempre acompañado de la más inseparable, la que no falsea, camarada y amiga fiel, la barra y amparado por su discreto escudero, el subjetivo y confidente barman…
Repaso revisando como se forja un frente a lo más fatídico de lo palpable, de lo existente en el pasado, para un futuro designado y en este enmascarado presente soportar, a duras penas, las circunstancias del momento y, de esta manera, aspirar sobrellevar lo vital para subsistir ante las sombras de las protervas suertes circunstanciales que tanto conmueven, como se trampean y se adulteran con el inclemente y áspero destilado.
Repaso revisando donde uno se falsea traicionándose así mismo, a pesar de su esencia en la humildad y la docilidad de sentimiento con la que se impulsa con decente respeto, con bondad inherente y una innata humanidad que vulneran al misántropo ermitaño que se factura en el interior, un asceta recóndito y disimulado que se ocupa de la muda sensibilidad para cerrar gargantas, ducho eremita que me acarrea en la espalda la etérea alforja, un basto e insensible morral repleto de emociones, pasiones, ímpetus con fogosidades extremas y alocadas pasiones ante las adversidades de la vida, las desdichas de cada afecto y el fracaso de cualquier amor rechazado.
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